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Globalización 3.0. "La tierra es plana" Libro de Thomas Friedman

Friedman analiza la aceleración del proceso globalizador y recomienda apertura y reciclaje.


Si en el XIX el conflicto era entre trabajo y capital, ahora es entre trabajador y cliente, y la empresa en medio.

Friedman cree que EE. UU. vive una crisis silenciosa en la que se erosiona su base científica e ingenieril.


Cuatrocientas mil declaraciones de la renta de estadounidenses las hacen contables indios. Desde la India, claro, país en el que también se elaboran los titulares de los avances informativos de la agencia de noticias Reuters. Boeing subcontrata numerosos procesos con empresas de ingeniería aeronáutica rusa, que subcontratan a su vez otros con Hindustan Aeronautics. Las reservas de vuelos de la compañía aérea estadounidense JetBlue las atienden amas de casa de Salt Lake City desde sus hogares. En algunos McDonald´s de las carreteras de Missouri los pedidos los recoge un servicio telefónico de Colorado que se comunica con los trabajadores de la hamburguesería de Missouri que preparan la comida. Por último, una consultora India ganó el contrato para actualizar la oficina de desempleo del Estado de Indiana, oficina que se dedicaba a amortiguar el impacto de la ola de subcontrataciones en China e India. El mundo es plano.

O eso asegura Thomas L. Friedman, editorialista de The New York Times,en La Tierra es plana,mejor libro económico de 2005 según Financial Times.La primera globalización, explica, abarcó desde 1492 hasta 1800, e hizo el mundo redondo, encogiendo la tierra de la talla grande a la mediana. Esa globalización iba de países y de fuerza. La segunda globalización se prolongó desde 1800 hasta 2000, y encogió la talla del mundo de mediana a pequeña. El agente de la transformación fue la empresa multinacional. La Globalización 3.0 se caracteriza por el poder de los individuos para colaborar y competir a escala global. Y la palanca son los programas informáticos unidos a una red global de fibra óptica que nos ha puesto a todos puerta a puerta.

En la Globalización 1.0 había un empleado que te daba el billete. En la 2.0 la máquina expendedora de billetes electrónicos sustituyó al empleado que te daba el billete. En la 3.0 tú mismo te consigues el billete imprimiéndolo en tu casa.

Si bien la palabra globalización se creó para describir el cambio que se estaba produciendo en las relaciones entre gobiernos y grandes empresas, Friedman dice que lo que sucede hoy es un fenómeno de mucha mayor envergadura: emergen modelos sociales, políticos y empresariales nuevos que afectan a la naturaleza del contrato social: ¿Qué ocurre si la entidad política en la que te encuentras ya no tiene nada que ver con unos empleos que se desempeñan en el ciberespacio, o dejan de representar a unos trabajadores que en realidad están colaborando con otros trabajadores ubicados en diversos puntos del planeta? ¿Quién regula el trabajo? ¿Quién lo grava? ¿Quién tendría que beneficiarse de los impuestos? En un mundo en el que se plantea el acceso libre a códigos informáticos, ¿quién posee qué y cómo se beneficiarán particulares y empresas de sus ideas?

La caída del muro de Berlín en 1989 fue el disparo de salida del proceso aplanador, que se completó, explica, con internet, el acceso libre a los códigos fuente, el traslado de fábricas para abaratar costes, la cadena de suministros - la fascinante historia de WalMart- o la intromisión de los subcontratistas en las empresas contratantes. El estallido de la burbuja tecnológica dejó tanto cable instalado que todo el mundo se iba a beneficiar de él.

Entraron nuevos jugadores - 3.000 millones de personas fuera de juego- en un nuevo terreno de juego con nuevos procesos y hábitos de colaboración horizontal: la próxima generación de innovadores vendrá de todo el Planeta Plano. Y en esta convergencia la gente no va a paso lento, sino a toda pastilla.

En este mundo, recuerda Friedman, todos, empresas, grupos humanos pero también las personas a nivel individual, deben reorganizarse. Si en el siglo XIX el gran conflicto se daba entre trabajo y capital hoy se da entre cliente y trabajador, y la empresa está en medio de los dos. Las culturas abiertas y dispuestas a cambiar gozarán de una ventaja inmensa en este mundo, y en ese sentido los países musulmanes no se van a llevar la mejor parte. Las mejores empresas serán las que mejor colaboren, dentro y entre ellas, debido a la complejidad de la cadena de valor. Y los trabajadores sólo tienen una salida: mejorar fuertemente su formación, reciclarse y ser adaptables. No hay límites para la cantidad de empleos que surgirán del ámbito de las ideas.

Friedman no es optimista sobre EE. UU., que vive una crisis silenciosa en la que se erosiona incesantemente su base científica e ingenieril: buena parte de los empleos que se deslocalizan empiezan a ser empleos de investigación del tramo superior de la cadena. Pero también recuerda que el mayor reto es usar las herramientas del mundo plano para diseñar otras que funcionen en el 50% del mundo que aún no es plano. Ofrece un consejo: "Cuando el mundo se aplana cava dentro de ti y no trates de levantar muros".
: chorion 2007-08-16 03:59 Tag : massanell caixa antoni  view:131

 

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